jueves, 16 de febrero de 2017

viernes, 10 de febrero de 2017

Hijos de la comedia. Aproximación a las revistas de carnaval.




Link:
<https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/2/una-mirada-al-menospreciado-mundo-de-la-categoria-revistas-del-carnaval/>

viernes, 3 de febrero de 2017

jueves, 2 de febrero de 2017

Noche de teatro. Previa del Teatro de Verano con C1080




Link: https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/2/cronica-de-una-previa-de-la-presentacion-en-la-primera-ronda-con-la-comparsa-c1080/

miércoles, 25 de enero de 2017

La (contra)revolución será televisionada. Trump y Women´s March en la diaria







Pre-edición
La (contra)revolución será televisionada
Crónica de cuando vi a Trump asumir la presidencia de USA y el día después.

Es enero de un año que impresiona nombrar y lo que todos creíamos un mal sueño que acabaría con una interrupción aún no visible, se hace realidad. Donald Trump asume la presidencia de USA. Nada pudo detenerlo, pero horas después tienen lugar manifestaciones que señalan que el fin del adormecimiento puede estar llegando.  

A diferencia de otros líderes de extrema derecha, la retórica oratoria de Trump es la de un ejecutivo que acaba de pasar unas horas en el spa tras un agitado día de negocios. Lo más detestable de verlo es como a su fascismo ahora lleno de poder político, le corresponde un tonus muscular bajo, una desidia oratoria, una sensualidad de macho dominante que sabe de su privilegio y no gasta un gramo de energía en demostrar su fuerza. Es la impavidez del empresario que sabe que incluso en caso de fracaso económico los costos los pagarán otrxs; son las manos de quien actúa como si no tuviera nada que esconder.

Ahí está el presidente. Su forma de decir que transferirá el poder al pueblo no es - a diferencia del estilo de líderes populistas - enérgica e instigadora, sino llena de odio, resentimiento y calma. La reiteración de la palabra “our” y “us” me hacen repasar mentalmente las lecturas sobre política impersonal cuya relación con el presente quizás hasta hace unos meses no había logrado entender.  La tensión de Trump es la de un empresario que hará política mientras se hace una paja, recibe una fellatio o se toma una raya de merca en su escritorio. No cuesta imaginarse que haga todo a la vez y que incluso se le pare llamando a Putin. Sin embargo algo suena conocido. Nuestros ojos no estarían preparados para asistir a su asunción y discurso inaugural si no hubieran sido educados por los reality shows, House of Cards, Black Mirror, The Apprentice, la caída de las torres gemelas y la historia de un poder que se abre paso a fuerza de penes y dinero.

Esto no es excepción americana. Nuestra defensa contra la atrocidad del mundo ha sido montar un consumo entre impávido e irónico que nos permite ver ya cualquier cosa tranquilamente desde el living de casa. Conmoverse no es productivo. El espectáculo de esa tarde no consiste en un presidente interpretado por un actor sino lo contrario. La vieja búsqueda por la fusión entre arte y vida es sustituida por la fusión total entre espectáculo y política. Por favor enciendan sus celulares.  

La distancia entre las palabras y las cosas no es tan grande como parece en el mundo del simulacro; hay cierta relación de isomorfismo y dislocación a la vez. Para entender a Trump y a la política de hoy (también a nuestras posibilidades de acción política) necesitamos usar marcos de análisis teatrales, técnicas actorales, volver a Debord, a Baudrillard, a Kantor y a Grotowski. Y si la política va a ser espectacular y el poder mediático, quizás tengamos que cambiar nuestros queridos marcos teóricos sobre la performatividad de la política por la organización de performances, por hacer teatros pobres, teatros del oprimido, por cambiar el reparto de actoras, por espectarnos emancipadas.

Esto no es una exención americana. Si analizamos la dramaturgia política contemporánea debemos reconocer que estamos unos píxeles más allá de la estrategia realista. Sin embargo, este hiperrealismo o ficción es nuestra realidad. Y “realismo” aquí es análogo a la perspectiva del depresivo que cree que cualquier optimismo, es una ilusión peligrosa. Así lo dijo Mark Fisher, que se suicidó hace algunos días. El capitalismo es una potencialidad oscura que ha engualichado a todos los previos sistemas sociales.

Dice Fisher que la distancia irónica propia del capitalismo postmoderno busca inmunizarnos contra la seducción del fanatismo: bajar nuestras expectativas es un bajo precio a pagar a cambio de ser protegidos del terror y del totalitarismo (*). Pero el precio es demasiado alto y los terroristas no solo están en casa, son el en casa. Y tienen a cargo el homeland security.

Así como durante sus discursos las manos de Hitler buscaban precisión, las manos del Donald buscan confundirnos. Como buen conductor televisivo, especulador y negociante Trump sabe generar expectativas y su as en la manga es nuestro miedo a su imprevisibilidad. Bajo su transparencia ficticia encarna un capitalismo racista y fascista que sin embargo habla de nacionalismo, pueblo y libertad. Trump no solo quiere make america great sino make it again. Pero ¿A qué pasado de grandeza se refiere y quien lo protagonizó? La historia (o su borramiento) cumple un rol clave en identificar a quien le habla el presidente cuando dice “people”.  

La fertilidad de la resistencia

Desde países latinoamericanos como Uruguay, hemos organizado nuestras resistencias al neoliberalismo (y al colonialismo) desde proyectos nacionales de izquierda, y en el preciso momento en que éstos están cayendo en la región, el imperio retoma sus banderas nacionalistas. Desde nuestras organizaciones políticas hemos creado nuestras resistencias bajo la forma de democracias liberales con base en igualitarismos; en este momento en que se muestran un fracaso, el conservadurismo liberal intenta impedir que luchemos desde nuestras diferencias, desde nuestra condición de oprimidas. Por eso quizás en el “the people” de Trump no hay lugar para sujetos como los migrantes, las mujeres, los negros. Una lucha que exija borrar los modos en que se reproduce el poder y las diferencias entre quienes lo poseen, lo toleran y quienes lo sufren no es nuestra lucha.

La resistencia también es fértil: esto decía un cartel de la marcha de mujeres que se realizó horas después de la asunción de Trump. Se lee por ahí que fue la protesta más grande de la historia de USA, que 1 de cada 100 americanxs estuvo en alguna de las que sucedieron en 300 ciudades, que participaron alrededor de 3 millones. Desde la Primavera árabe a Brasil 2013 y con las posibilidades de comunicación y contagio que da internet, las manifestaciones de cuerpos que toman el espacio público protagonizan las luchas de nuestra contemporaneidad.

No es casualidad que las marchas que movieron a USA fueran organizadas por el feminismo. Si por un lado Trump es el peor monstruo con el que este movimiento podría encontrarse, por otro las guerras contra la mujer y contra las organizaciones que buscan defender sus derechos vienen sucediendo sistemáticamente en USA. Así lo demuestran el protagonismo de evangélicos en el partido republicano, la emergencia de fundaciones y campañas pro-vida, las restricciones a clínicas que hacen abortos o a la píldora del día después, la disputa en torno a la cobertura de los anticonceptivos en planes de salud, luchas en torno al financiamiento público de ongs dedicadas a la salud sexual como Planned Parenthood y comentarios machistas continuos de políticos republicanos. Pero el acoso no es sólo retórico o administrativo: de acuerdo a la Federación Nacional de Aborto, desde 1977 en USA se registraron cientos de incidentes en centros de salud sexual y reproductiva, incluyendo intentos de asesinato (muchos exitosos), amenazas de muerte, asaltos, heridos, copamientos, bombardeos y secuestros.

Esta guerra fue librada por una coalición entre neoliberales, halcones belicistas y evangélicos, que cuenta ahora con la nuevos socios en el Tea Party (libertarian) y la Alt-right (ultraderecha). Pero simultáneamente el movimiento feminista ha crecido - dentro y fuera de fronteras - y tiene fuertes centros de irradiación en las universidades y parte del mundo cultural y artístico. De hecho parece claro que si la izquierda renace en USA, será de la mano del feminismo.

From sexual harassment to gender arousal.

La historia del feminismo norteamericano es larga (y dolorosa) pero ahora cuenta con alianzas y contaminaciones desde el sur, donde movimientos feministas y LGBT, Alertas Feministas, Ni una menos, han llevado a la calle lo que no puede ser representado por ningún profesional de la política.  

Hoy el feminismo es una vía para sacar a la política de las garras del espectáculo; hacer política desde la experiencia y hacer de la política una experiencia. Una que zafe de las subjetividades que produce todo el tiempo la máquina neoliberal; una que no intente borrar las diferencias bajo un falso manto de igualitarismo.

Las luchas contra el feminismo se intensifican argumentando que “todos somos iguales”, o que al movimiento le falta crítica y sutileza, o que el flagelo de la corrección política va a acabar con nuestras libertades. Cada vez que acusen a una feminista de censora y antiliberal habría que poner una foto de Trump y un cartel con la pregunta ¿libertad para qué y quién? La libertad ha sido apropiada por el liberalismo para intentar convencernos de que la autorregulación social garante ecuanimidad. Para ellos somos portadoras de una mala noticia: no la garantiza.

Es por esto que cada vez que el feminismo es acusado de infantilidad subjetiva, hay que pensar en cuanto la clase dominante se beneficia de borrar al sujeto para abrir espacios al mercado de libre transacción de subjetividades, de tratar al cuerpo como mercancía costumizable.

La diferencia que denuncia el feminismo no puede diluirse en una gama interminable de subgrupos en pugna bajo el nicho de las políticas de la identidad. Interseccionalidad es la lógica que articula la lucha de los millones de personas - mujeres, trans, hombres - que comprenden que feminismo es también hoy lucha de clases. No se puede ser feminista sin ser antiracista, sin ser anti xenofobia, sin ser antifascista. Es por esto que la diferencia tiene que ser pensada como compatible con la organización social, la acción política y la articulación colectiva. De hecho la diferencia no es un proceso de especulación semiótica sino el núcleo práxico de todo lo que cambia.

El “capitalismo inmaterial” es otro nombre para el hecho de que el principal negocio de hoy son nuestras vidas. Y ahí está el mercado de la “salud” en estados unidos, y ahí está el conservadurismo con sus misiles apuntando a nuestros úteros y vaginas. En nombre de la grandeza americana Trump va directo a la meta de destruir derechos, que no ve más que como obstáculos para el crecimiento económico y la “unidad nacional”. Como si nuestros cuerpos fueran esas pussys que cree poder agarrar cuando y donde quiera.

Mientras tanto, nos dicen que el machismo se reproduce culturalmente y que no todos los hombres son así, y es cierto. Pero sin venir de nacimiento, el machismo tiene como socio al biopoder y ambos saben que en el cuerpo de las mujeres está el poder de la vida y lo quieren para ellos. Nada le da más miedo al hombre blanco y poderoso que recordar que su propia reproducción depende de las mujeres y es por esto que la privatización de la vida tiene un blanco claro en nuestros cuerpos. No hacen falta ginecólogos ni partidos políticos para entenderlo.

La Women’s March on Washington tiene miles de líderes anónimas conduciendola. También están ahí íconos importantes de la cultura; no es casualidad que jugándose tanto de Trump en el terreno del espectáculo las voceras de la resistencia sean superestrellas.

La industria del espectáculo formó nuestra sensibilidad, nos educó los ojos para ver cualquier cosa y para creernos el verso de la cultura global. Es la misma que licua noticias sobre una infidelidad o una cirugía plástica con un “grab them by the pussy”. La máquina de producir escándalos manipula el límite de lo personal y lo político como si fueran independientes, canaliza lo inaceptable y por ende lo normaliza, y se asegura de demarcar estándares diferentes para sus consecuencias según se trate de hombres o de mujeres.

La industria cultural norteamericana es también la que mejor ejemplifica cómo una cultura capaz de producir rebeldía y estéticas revolucionarias es simultáneamente la mayor abastecedora del combustible necesario para la cooptación cultural de nuestras vidas. La imaginación y la creación han sido armas de lucha por la libertad pero también para sus contras, que se las apropiaron logrando algunas derrotas. Pero no todo fue vencido y como vimos el domingo pasado, hay muchos cuerpos en lucha y resistencia.

Porque aunque quieran hacernos quedar en casa riéndonos de quienes salen a la calle por ilusas o ingenuos, o brindando mientras podamos por nuestra derrota definitiva bajo el sponsor ideológico del sálvese quien pueda, hay capítulos por venir que no pasarán en Netflix y que van a necesitar de nosotrxs un poco más de energía.

(*) Fisher, Mark. Capitalist Realism. Tomado de:


Disponible en la diaria. Link:
https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/1/la-contrarevolucion-sera-televisada/









martes, 20 de diciembre de 2016

Creación transnacional en resistencia: ¿qué podemos hacer? / Sobre A-F 2016

                    Creación transnacional en resistencia: ¿qué podemos hacer? (1)
 
Sobre ARQUEOLOGÍAS DEL FUTURO Edición III (2). Encuentro Internacional de Danza Contemporánea Performance y Conocimiento. Buenos Aires, 10 al 17 Diciembre 2016. 


El termómetro anuncia suba de la temperatura mientras psicológicamente hacen como 50 grados en el centro de Buenos Aires. La basura desbordante, los habitantes de la calle y el olor a pis se mezclan con el barullo de una ciudad en reconstrucción y los avisos de merry christmas. La escenografía urbana metaforiza bastante bien el proceso de desarme y rearme y las contradicciones que conviven hace ya un año en esta argentina ex kirchnerista macrista. Pero van ya 11 años de su gobierno en la Buenos Aires. La ciudad es la meca del macrismo y nos ofrece un concentrado de su ideología.

Hacer un festival de danza en este contexto, en el que la política cultural ha sido la de desmantelamiento y mercantilización de prácticas y actores artísticos no es fácil. Las dificultades no solo conciernen a la falta de apoyos, cierre de espacios, precarización del trabajo cultural, sino a que el macrismo (versión autóctona del neoliberalismo que en otros países toma nombres como Trump o Temer)  nos atraviesa y habita los cuerpos y las relaciones de forma inescapable.

A - F es un festival que está basado en la autogestión y en políticas colaborativas y su devenir va siendo trazado en la observación de lo que año a año sucede con las propuestas programadas el año anterior. La intención es poder leer y dialogar con las inquietudes del contexto para responder proponiendo. Durante el festival la gestión de encuentros y de tiempos priorizan lo procesual y el intercambio entre artistas y públicos por sobre lo espectacular, masivo, acabado o mercantilizable. Arqueologías es como lo dice su nombre, la invitación a una práctica colectiva de indagación y reflexión desde los cuerpos.




Este año, el el titulado programa de Creación transnacional en residencia, las obras que se presentan están en el frágil borde del prontas/casi prontas y cuentan con un espacio donde seleccionar 15 minutos de material para recibir un feedback por parte de artistas y participantes. Esto vulnerabiliza a artistas y espectadores y los confronta con problemas a practicar: ¿cómo hablar de una obra en proceso?, ¿cómo mostrarla sabiendo que luego se presentará una versión más “completa” y “acabada”?, ¿cómo escuchar cuando nos urge hablar? El experimento nos exige corrernos de lugares conocidos y nos hace sorprendernos de cuán raro es hablar con colegas sobre la materia misma de nuestros trabajos coreográficos. Nos conocemos sin conocernos y seleccionamos para nuestras afinidades todo lo que las potencia excluyendo los disensos aunque por momentos (los mejores) sí aparecen explícitos. Quizás en la rareza de este tipo de aparición esté una clave de la inercia con la que transcurre la creación dancística contemporánea y la potencialidad de una intervención como la que propone y provee AF.

Perder el miedo y entender que las seguridades son tan solo un mecanismo de defensa que nos impide estar más juntos es la consigna para el festival-laboratorio que se extiende durante la semana de encuentros en Arqueologías.

Hace un tiempo hablaba con un colectivo de artistas que entre artistas solemos hablar de arte pero nunca de política. Lo mismo podría reformularse para notar cómo hablamos mucho de “el arte” pero muy poco de lo que estamos haciendo, de lo que estamos intentando, de nuestros fracasos, de lo errado que nos parece tu o mi  intento, de las preguntas o conflictos de lo que estás vos o yo poniendo en escena. La autocensura opera también entre quienes nos creemos libres y críticos y es funcional a la delimitación no problemática de los temas. Este festival intenta revertir estos dispositivos inmunitarios y dejarnos penetrar por la mirada del otro. Algunas penetraciones pueden ser placenteras pero otras nos van a romper el orto. Y está bien que así sea. Si queríamos (en el discurso artístico o metaartístico) vulnerabilizarnos, ahora (en la realidad, en la calle) llegó el momento. No podemos controlar o calcular ni semiótica ni estéticamente las resultantes de este salir afuera.  

El feedback nos enseña a hablar y sobre todo a escuchar. En este caso el dispositivo es administrado por una moderadora designada que orienta las sesiones a través de un dispositivo diseñado en la escuela DAS de Amsterdam (3). Tiempos coronometrados para diálogos inconmensurables. El arte siempre anda palpando ese borde. Desde la antipatía que me produce la esquematización del diálogo intento hospitalidad y discutir con varias sobre la disyuntiva entre dejar la conversa acontecer o intentar guiarla, contenerla, suavizar y homogeneizar las participaciones. Sigo seducida por la riesgosa búsqueda de los acuerdos comunes emergentes, aun sabiendo de sus riesgos. Gusten o no los dispositivos que administran la charla, participamos y nos escuchamos o somos escuchados como podemos. A veces mal. Y en el proceso las obras cambian y nos cambian y también nuestras miradas se modifican al entrar en contacto con las de otras. Escuchar es dejar entrar a otros y hablar es tomar posición asumiendo que lo que decimos impacta ahí afuera, influye a los artistas, permea las miradas. Este plano de composición no es fácil de lograr en un festival y se construye a base de una irresponsabilidad muy responsable. De una pérdida de control decidida. De una decisión un tanto irrazonable y que parece sin embargo de lo más interesante de probar ante la neutralización de nuestras herramientas afectivas conocidas. Tecnologías de la relación, tecnologías del yo, tecnologías del vos, tecnologías de manifestación. Tecnologías para todo y poca profanación.  

A- F es cataratas de cuerpos, discusiones y escrituras. Una de las continuidades de A - F desde su primer edición es el proyecto de Catarata de escritura - bajo dirección de Camila Malenchini y Micaela Moreno Magliano-, que este año realizó convocatoria abierta y fue llevado adelante por un grupo amante del pensamiento colectivo y la conversación textual, transitando durante todo el festival y expandiendo un tejido textual-conjuntivo entre obras, laboratorios, participantes, residentes, artistas.

Al terminar las actividades del día, el grupo de Catarata se reúne cuando ya todos estamos tomando cervezas, bailando, drogados o yendo a dormir, y los alimenta sin duda una pasión incansable y que amplifica nuestra percepción del festival. Catarata produce textos individuales pero su mayor desafío es crítico-poético y consiste en la publicación dia a dia de una publicación impresa donde el lenguaje es reinventado cada vez en un juego de copulación lujuriosa entre forma y contenido.

Por lo dicho y ante las pruebas, este texto es por lo menos un exceso en tanto llueve sobre catarateado. Basta recorrer las ediciones impresas que día a día se nos entrega antes y durante las funciones, o visitar los textos que individual y anónimamente van hidratando esta web: https://arqueologiasdelfuturo.hotglue.me/.  

Las artistas participantes con sus obras están también a cargo de laboratorios de práctica donde compartir investigaciones, exploraciones, estrategias. Esta es otra ventanita al universo conceptual y sensible de les participantes y otra boca de generosidad donde se extienden cuerpos y lenguas. Máquinas de colaborarnos en una alquímica dancificación de la política, una donde la diferencia no sea condición excluyente del estar juntos sino precisamente su forma de posibilitar esta co-existencia.

Nosotres y el presente de un futuro que nos encuentra perdiendo los límites, deshaciendo los planes, apropiándonos para desprivatizar, trazando mapas desde una situación que demanda reactualizaciones permanentes y obstruye las salidas individuales. Manifestaciones a futuro desde un presente opaco.

El ambiente de intercambio y proximidad de A-F invita a abandonar la fría distancia conceptual del artista contemporáneo de vanguardia; medio pasado de todo, medio desilusionado con todo, aséptico estéticamente, escéptico políticamente, inmerso en una pretendida revolución de lo sensible que no incomoda a nadie ni redistribuye. Incluir a los ya incluidos parece ser el slogan no admitido de los círculos experimentales que hasta hace poco construimos como refugios de un mundo que “no nos comprende”. La táctica ha sido quedarnos entre quienes nos comprendemos (quizás para poder precisamente comprendernos lejos de un sistema que hace ruido permanente para someternos) pero este retiro monástico nos convierte en elite autorreferencial si nos asentamos en él.

¿Qué tenemos para poner en el asador del mundo además de nuestro grito sensible de hambre de crítica y de transformación?

Los artistas invitados son Gustavo Ciriaco (Br), Natalia Viroga & Santiago Tricot (Uy), Magdalena Leite & Anibal Conde (Uy-Mx), Tamara Cubas (Uy), Barbara Hang & Ana Laura Lozza (Ar-De), Javiera Peón Veiga (Cl), Juan Pablo Camara (Ar-Nl), Vera Garat, Leticia Skrycky & Santiago Turenne (Uy), Amparo González Sola & Juan Onofri Barbato (Ar), Esthel Vogrig, Juan Francisco Maldonado & Nadia Lartigue (Mx), Coletivo Qualquer (Br-País Vasco), Cecilia Priotto (Ar) y yo (Lucía Naser).

La curaduría tiene criterios afectivos y colaborativos que no por ello dejan de ser económicos. Hoy lo económico está en el núcleo de lo relacional (otro éxito del neoliberalismo), reproduciendo nuestras vidas, tomando cuenta de la política de los afectos Sea por conveniencia o por resistencia nos atraviesa en un mundo en el que quizás la clave sea pasar del auto-emprendedurismo a lo común como único recurso digno de activarse sin que nos atrape dentro.

Del capitalismo escapa no quien quiere sino quien puede (dice Erik Oling Wright (4)) y esta vez es la crisis del afuera lo que despierta la crisis del adentro (del arte y de nuestras subjetividades de clase medio media). No hay escape en el reino de la estética, my friend.

Por ahí leí en estos días a alguien que escribía en facebook que aún le faltaba dinero para dejar de ser capitalista. La frase molesta porque exhibe sin pudor el conflicto en el que estamos sumidas todas. Y a la vez porque no podemos esperar a la abundancia o situación favorable. Necesitamos compartir incompetencias (5) y precariedades: pensar la situación sin caer en el pensamiento mezquino del cálculo o del posibilismo.

Chile, Uruguay, Argentina, Urumex, Brasil: las obras son de un grupo de artistas que vienen encontrándose y colaborando juntos y la contaminación se deja ver. Nos gustamos y no hay objetividad de juicio estético que valga. Nos deseamos y queremos encontrarnos. La antimoral crítica nos impide tantas veces laburar desde ese reconocimiento. Detrás de esa autocensura dejamos pasar un goce que podríamos usar de combustible para la transformación en colectivo.  


Necesitamos maquetas para la reinvención de un arte implicado y una crítica profunda a y desde nuestras intimidades . 

Las obras a la obra en el festival son performadas por cuerpos sensuales, vibrantes de violencia, tensos, virtuales, mojados, fornicando con la luz, aburriéndose y aburriéndonos, cuerpos en penumbra fundiéndose en el espacio, perdidos y hallados, jugando con nuestra obsesiva búsqueda de claridad, desactivando nuestra percepción y sus hábitos, paisajes de luz, paisajes de catástrofes, el cuerpo en el centro y en la periferia, el cuerpo invisible, el cuerpo de quienes no somos estos cuerpos.

Aunque algunos ensayos y funciones son en el Centro Cultural San Martín o Sala de máquinas, el punto neurálgico de encuentro es Sala Fábrica Perú, una casa autogestionada, una casa de músicos y artistas de varias ramas, raíces y savias. Una casa de la que mucha gente tiene llaves: esta podría ser la definición para un centro de pensamiento y acción sin fines de control o lucro. Sin fines (al menos predeterminados). El principio. El fin. El principio. El fin. El principio. El fin. El principio. El fin. El principio.El fin. El principio. El fin. El principio.El fin. El principio. El fin. El principio. Oscilando entre estos dos extremos sólo discernibles en el plano del lenguaje una de las obras repite como un mantra los sonidos que van dejando de significar.

El fin. El principio. El fin. El principio. Arqueologías corre el riesgo de convocarnos en este tramo final del año. Un año de mierda. Un agotamiento que debilita nuestras defensas y deja salir como roquitas ante la bajante del mar eso que aún está ahí, que no pueden obligar a irse. Este año llegamos golpeados a fin de año. El 2016 nos enseñó a perder; perder el tiempo, perder amigos, perder en el campo de la macropolítica, perder la fe en nuestra diosa la Micropolítica. La crisis ofrece una oportunidad y es claro que la invención se vuelve más necesaria y por eso más viva que nunca en estos contextos. Nos toca encontrarnos lastimados, sin un mango, sin porro, sin cachet o con uno ínfimo, con tragos caros, con pasajes de 8 horas de escala para abaratar, durmiendo de a 3, aguantando el hambre hasta la hora en que el chino ya acercándose a la hora de cierre arma las bandejas a precio de pobre, aún así sabiendo que somos privilegiados, trabajando por el amor al arte y por esos que lleguen, constatando nuestro amor, articulando en la diferencia, armándonos de sí-es, buscando algún denominador común que nos ayude a flotar en la tempestad temblorosa desde nuestro botecito inflable, cenando parados, peleando con quienes nos gustaría estar apoyando y viceversa, disputando egos, intentando soltar, bajando los brazos para subirnos a la erótica montaña de cuerpos y dejarnos pesar.

No nos dejamos pasar. Aún estamos acá. Resistimos alguna cosa. Resistimos aún dudando de si vale la pena hacerlo, porque aprendimos que demasiado rápido el sistema nos convence de que no vale la pena resistir. Resistimos habitando la contradicción y planteando el conflicto. Intentando salir de él menos mezquinos. No es fácil pero sí es vital para la arqueología de un futuro común. Resistimos aunque nos gustaría, nos encantaría estar usando otros verbos como construcción o inclusive deconstrucción.

¿Quiénes y qué resiste?

Arqueologías del Futuro sucede en medio de una gran paradoja. Mientras a la interna del campo artístico vamos profundizando nuestros entendimientos y herramientas de colaboración y de crítica, el peligro de endogamia que acarrea la autonomía y empezaba a preocuparnos sufre antes el embate sorpresivo de un afuera que hace estallar urgencias sociales, políticas, afectivas. Nuestras percepciones de “realidad” y nuestras definiciones de “política” sufren crisis irreversibles.

Y la política ya no es una opción filosófica o estética para el arte sino que es una necesidad. La necesidad no deviene (o no sólo) de la garantía de los derechos laborales de los profesionales del arte, o de tendencias estéticas que orientan la producción más o menos coordinada o descoordinadora de obras de arte, sino por el desmoronamiento del edificio político y social donde los obreros de la subjetividad estábamos cómodamente trabajando. Por la percepción de que estamos mucho más cerca del 2001 de lo que pensamos durante más de una década, porque cuando todo cae y ya no hay quien nos represente, emerge como esas roquitas de abajo del mar, la resistencia de los tejidos sociales heridos e invisibilizados por el poder (de izquierda, de derecha o “neutrales”).

Si creímos que la democracia vehiculizaría el proceso de llegada a una sociedad más igual y justa, el juego se convirtió en jaula y nos dejó adentro. Nos la dejó adentro. Los artistas nos pensamos revolucionarios de la subjetividades subestimando cuan neoliberales son también nuestros afectos. Demasiado temerosos de cometer pecados morales nos creímos que los afectos son de izquierda y revolucionarios, y los valores de derecha y conservadores. ¿Hay quizás un posicionamiento más moralista que este? ¿Es casual que la necesidad de hablar de pasiones y afectos emerja al mismo tiempo en que el arte conceptual fue cooptado por el mercado y no es más que una carnada desmovilizadora de nuestras experiencias y poéticas al servicio de fondos concursables? (se aceptan criticas, yo así lo veo).

A-F convive con una situación política que demanda urgentemente dejar de pensar el neoliberalismo como algo externo y visualizar cuán próximo está el arte contemporáneo de ser un mercado con actores individuales en competencia por recursos económicos y simbólicos que usufructuarán… los que puedan. Y poder en este caso se mide en dinero.  

La última noche del festival programa catástrofes a escala de maqueta y resistencias escenificadas encima de un mar enturbiado de maderas flojas y aire comprimido.

En relación al nuevo gobierno y al no tan nuevo de la ciudad, no es fácil tomar posición y la comunidad cultural y artística oscila entre la decisión de no actuar ni ocupar en espacios públicos negándose al diálogo con el macrismo versus intentar resistir en las instituciones y estado con el fin de no perder los espacios conquistados (y públicos). La emancipación de lo público de la égide dominadora del estado es otro frente de batalla.

Y así como el macrismo no es un ente abstracto ni personificado, las relaciones afectadas por estas disyuntivas y luchas tienen rostros y cuerpos concretos. Emergen así alianzas y antagonismos entre artistas, públicos, funcionarios públicos, jerarcas del gobierno, el gobierno, los sindicatos y colectivos.

Arqueologías opta este año y en el contexto de escasísimos recursos ocupar una sala pública en un gesto de toma de postura. Sin embargo la decisión no es fácil y hace nacer tensiones entre quienes estarían en términos de ideas, de un mismo lado. El conflicto entre los trabajadores de un teatro casi clausurado y el ministerio de la cultura de la ciudad estalla durante la programación y deja de rehén a A-F. Una vez más: implicarse no es una opción sino una condición de existencia.

Inevitable es mirar atónitos a los artistas que insisten en definirse como “apolíticos”. Va con amor.

La separación entre nuestros ideales y nuestras condiciones reales de producción y existencia es otro éxito del neoliberalismo y atacar esa distancia tiene el costo de asumirnos contradictorios y a menudo prosistémicos. Y de pelearnos muchas veces si es necesario.

Pero el disenso no es el límite de la acción política sino su núcleo de mayor potencia e intentar reducirlo es conformarnos a la idea de que la democracia significa el fin de la guerra.
En la actual democracia liberal estamos en guerra. Cualquier otro discurso solo sirve para invisibilizarla y trabaja a favor de quienes están ganando en este momento una guerra legalizada pero no por eso menos injusta o sangrienta.  

Y no se trata de pedir la inmolación de los kirchneristas ni la inquisición de los macristas sino de comprender la complejidad en la que estamos embarradas hasta el cuello. El purismo es totalitarismo y produce similares consecuencias.

Después de la última función de la última noche y a contramano de la máxima de la gestión que es siempre mostrar la cara de todo regio y bajo control en un clima de alegría y autocelebración superficial, las organizadoras de Arqueologías decidieron que era necesario hablar. Fue así que leyeron en boca de Cata Lescano una carta informando lo sucedido en la misma sala donde se peleó, sudó y resistió durante los días de festival. Las palabras pronunciadas frente a los participantes y artistas del festival y trabajadores del teatro se dirigen al  Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y tienen claro que la responsabilidad la tiene el gobierno y no los trabajadores de la Sala o sus técnicos.  Tras narrar las dificultades previstas - que amenazaron con impedir la realización de las funciones del festival y causaron llamadas desesperadas en busca de salas alternativas- la carta señala que:

... no es anecdótico, no es un hecho aislado, no pasa todo lo que pasa porque se rompe un aire acondicionado. Es consecuencia de políticas públicas que tienden a hacernos desaparecer por desgaste mediante el recorte, el ajuste y el vaciamiento. Es falta de presupuesto para la Cultura, ES NEGLIGENCIA. Sabemos que los directores y gerentes de éste espacio advirtieron al MINISTERIO DE CULTURA 4 veces en el año sobre la posibilidad de que suceda lo que sucedió: que la mitad del edificio se quede sin aire acondicionado implica levantar la mitad de la programación y eso es grave. Todos sabemos que del otro lado de este centro Cultural tenemos un teatro cerrado hace años. Tampoco queremos eso. No queremos más teatros cerrados, no queremos más clausuras ilegales a espacios independientes en los que damos fé están en muchas mejores condiciones que los dependientes de la ciudad, no queremos más espacios cerrados por falta de políticas públicas que promocionen y fomenten el arte. Agradecemos a todas las personas que pese a todos estos avatares pusieron el cuerpo, a los artistas, a los técnicos y a las personas que dieron todo de sí para lograr que sea posible realizar todas las funciones.

Nunca podrán sacarnos el amor.

La denuncia es hermana de la celebración. El pedido nunca debe opacar el reconocimiento de lo que sí podemos y aunque muchas veces nos peleamos desde las veredas de una y otra táctica, entre ellas media una especie de necesaria división del trabajo.

EL cierre toma la calle el sábado 17 en una caravana organizada en colaboración del equipo de Hiedrah Club de Baile, A - F y lavaca - MU. La invitación-anuncio invita a unir

...dos puntos de la ciudad en una caravana pobre - no tenemos plata para volvernos idiotas en huevadas - y hacer de la calle un fiestón alegre de cuerpos que buscan:
- Que la regulación de nuestros deseos no sea regida por políticas que sólo responden a flujos comerciales. Somos esclavos de lunes a viernes, sábado y domingo intentemos decir BASTA.
- Que estas políticas no nos lleven a reducir nuestra actividad a una fiesta middleclass para personas de cuerpos habilitados. TODXS queremos y podemos bailar: pobre o enfermo es sinónimo de guerrero.
- Que esa actividad no se censure ni se modere por medio de represión, falsos toques de queda, persecuciones políticas, prohibiciones de ritmos y plataformas (es real), en nombre de una SEGURIDAD por tragedias prevenibles que nos dejaron muertos y plata lavada en coimas. CROMAÑÓN Y TIME WARP son NUESTROS MUERTOS y TU RESPONSABILIDAD.
- Que el abuso de poder no conlleve a malos tratos entre locales bailables y productores que les llenamos el local. NO SOMOS ENEMIGOS.
- Que este abuso no conlleve ser rehén de la violencia cisheteropatriarcal del macho de turno: el del patova de la puerta, el del espectador buitre abusador, el del inspector municipal que te gorrea.
VIOLENCIA SE RESPONDE CON VIOLENCIA.
- Que esa violencia no nos lleve a ser entendida por el ente mediático banana como "problema generacional" o "juventud perdida". La noche está en manos de viejas, nosotras NO TENEMOS LA CULPA de su mierda.
- Que los productores autogestionados nos unamos en un mismo reclamo para no ser el chivo expiatorio de las grandes producciones que lavan guita, coimean y se desdice de responsabilidades. ¡LA FIESTA ES CULTURA!

Bailar, drogarnos, coger, dejar de ser productivos, perder el control, despilfarrar energía porque sí, descivilizarnos un poco, descalcular nuestras distancias y sustituir el narcisismo de las pequeñas diferencias por una fiesta política que no banalice el amor. Esta es la escena política (6) que se ensaya a veces y otras sale a performar a la cancha grande de la ciudad, de lo común, del espacio donde puede irrumpir lo que no logramos prever en la elaboración de estrategias ni contener bajo nombres de colectivos. Ahí está lo maravilloso o lo literalmente fantástico de la política.

Mientras
Simultáneas a A-F suceden otras escenas intensísimas en la ciudad escenario. Paros y asambleas; Amor si; Macri No; festival de resistencias (7); bailarines del Colón con pancartas y contra Maximiliano Guerra (8), Abogados manteros (9), ocupación del Ministerio de Ciencia y Tecnología (10), Ni una Menos (11), Paro mundial de mujeres, celebraciones del goce, represión y criminalización de la manifestación social; el fascismo oficial y el fascismo social.  

El futuro se teje con los aprendizajes del pasado y los archivos del presente que son nada menos que nuestros cuerpos que actúan. El futuro parece anunciar la necesidad de mezclarnos con otras fiestas y con otros cuerpos festejantes, destruir la autonomía disciplinar para construir un autonomismo político, un ser-en-común, unos devenir anónimos, poner el cuerpo y dejar de debatir como ponerlo o no ponerlo. Poner el cuerpo por quienes no pueden sacarlo. Coordinar la complejidad, desprivatizar la experiencia y la existencia, encarnar la crítica, dejar de comprometernos y empezar a implicarnos, una alianza sur donde los polos hayan sido desterritorializados y reterritorializadas las coordenadas históricas de la dominación (también las de las resistencias).

Acá no hay delivery. Nada tenemos que esperar sino de nosotras mismas. Somos una caravana de cuerpos delirantes y en la intraducibilidad de la locura está nuestro antídoto a la inmediata cooptación de las fuerzas sociales. Dancificación de la política, la vida parda en resistencia, la gentileza de un acto desinteresado, el nosotres que no excluye a los otres; cataratas de afectos que llueven también odios y rabias y desacuerdos y disidencias, el vencimiento sin fecha de nuestros dispositivos; la conversión del biopoder en biopolítica que expropie la vida de su reproducción neoliberal. El ego como internalización del individualismo neoliberal; el macri en vos, son los enemigos. Estamos más cerca de poder imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo dicen varios en estos días citando a autores diferentes. Y es por esto que responder a la interpelación que el mundo nos hace en tanto trabajadores - asalariados o no - es someternos a una teoría del valor que solo nos contempla en tanto productores de valor económico o funcionales a su reproducción.

La misma pregunta que nos hacemos sobre el rol político del arte en la situación que nos contiene, se la podemos hacer a la política y a la democracia. Invita Peter Pal Pelbart a

Pluridimensionar o campo. Recusar a homogeneização sutil mas despótica em que incorremos às vezes, sem querer, nos dispositivos que montamos quando nos subordinamos a um modelo único, ou a uma dimensão predominante. Aceitar esse paradoxo de que quando um dispositivo está dando certo demais é que ele já não serve mais, que quando um grupo está demasiadamente bem sucedido alguma processualidade foi emperrada, que quando entendemos muito bem é porque deixamos de entender um bocado, que quando estamos muito sãos é porque já estamos muito é neuróticos. (A Nau do Tempo Rei, 23).

La paradoja hoy se hace urgencia y necesidad. Sustantivos de un ambiente más propicio a que desde el arte podamos actuar fuera del arte. O al menos fuera del marco artístico que neutraliza nuestros intentos de interrumpir y rasgar la realidad.

Hoy la pregunta es ¿qué podemos? Y el problema no tiene respuesta teórica ni respuesta en la individualidad singular (y a menudo fetichizada) del cuerpo, sino únicamente en ensayos y tentativas prácticas colectivas que pongan a actuar la vulnerabilidad y potencia de nuestros afectos.





Notas
(1) Texto y título inspirado por este texto: http://artesescenicas.uclm.es/archivos_subidos/textos/379/Marina%20Garces-que%20podemos%20hacer.pdf
(2) A-F está bajo la Dirección Artística y Curaduría de Alina Ruiz Folini y la Coordinación en Gestión y Producción de Catalina Lescano. Más sobre el festival y equipo acá: http://arqueologiasdelfuturo.com/.
(3) http://www.ahk.nl/en/atd/theatre-programmes/das-theatre/feedback. 

(5) Un canadiense llamado Stephen Wright dijo hace poco algo sobre esto en montevideo.
(6) No casualmente un colectivo recientemente creado toma ese nombre para salir del estudio a la calle a hacer política con herramientas propias y ajenas, contra el macrismo como postura política común articulando un montón de movimientos y diferencias: http://escenapolitica.org/


* Foto: Resistir - Tamara Cubas, Perro Rabioso. 

* Carta completa leída por A-F en el cierre del festival:
“Nosotros, todos los que conformamos el equipo de Arqueologías del Futuro, pensamos que el Silencio es Complicidad. Por eso no queríamos dejar de contarles algunas cosas sobre nuestra vivencia aquí esta semana. Llegamos el martes con un cronograma ajustado pero muy preproducido para llegar a hacer todo en tiempo y forma. Teníamos que hacer 3 montajes en un mismo día y cuando llegamos a la sala asignada los técnicos nos dijeron que no podían trabajar porque no había aire acondicionado. Nosotros tampoco podíamos trabajar sin aire acondicionado ya que como vieron las propuestas son muy exigentes. De ese modo nos habíamos quedado sin sala y casi sin margen de acción. Las 3 obras que estuvieron en este espacio desde el jueves fueron planteadas para una sala muy diferente tanto en lo arquitectónico, lo estético y necesidades escenotécnicas. Ese día mientras pensábamos cómo íbamos a resolver los de boletería pusieron que nuestras entradas estaban agotadas para evitarse problemas de devolución de dinero en compras hechas con tarjeta de crédito. Cosa que no terminó de resolverse hasta el jueves, día en el que nos enteramos que la plataforma tunentrada.com anda tal como nos dijeron “a veces sí, a veces no". Finalmente el martes a las 12 de la noche decidimos quedarnos aquí y traducir todas las obras a un espacio nuevo en un tiempo de 2 días, algo que se complejizó con la burocracia, la precariedad y la falta de materiales. Volviendo al asunto que origina todos nuestros malestares queremos destacar que no es anecdótico, no es un hecho aislado, no pasa todo lo que pasa porque se rompe un aire acondicionado. Es consecuencia de políticas públicas que tienden a hacernos desaparecer por desgaste mediante el recorte, el ajuste y el vaciamiento. Es falta de presupuesto para la Cultura, ES NEGLIGENCIA. Sabemos que los directores y gerentes de éste espacio advirtieron al MINISTERIO DE CULTURA 4 veces en el año sobre la posibilidad de que suceda lo que sucedió: que la mitad del edificio se quede sin aire acondicionado implica levantar la mitad de la programación y eso es grave. Todos sabemos que del otro lado de este centro Cultural tenemos un teatro cerrado hace años. Tampoco queremos eso. No queremos más teatros cerrados, no queremos más clausuras ilegales a espacios independientes en los que damos fé están en muchas mejores condiciones que los dependientes de la ciudad, no queremos más espacios cerrados por falta de políticas públicas que promocionen y fomenten el arte. Agradecemos a todas las personas que pese a todos estos avatares pusieron el cuerpo, a los artistas, a los técnicos y a las personas que dieron todo de sí para lograr que sea posible realizar todas las funciones”.